Vector SpaceAgencia de IA aplicada

UNIDAD 04 · VECTOR SPACE

Claqueta

Vídeo vertical

Grabas una vez. Sales con varias publicaciones

Claqueta escucha el audio de tu vídeo y hace una de dos cosas, según lo que le eches. Si es una pieza corta, te dice dónde cortar los silencios y escribe el gancho, los rótulos y el pie. Si es una grabación larga —una charla, un directo, una explicación— busca los trozos que se aguantan solos y te da cada uno con su marca de tiempo y su guion.

La imagen de tu vídeo no sale de aquí, salvo que tú lo pidas. El análisis lo hace tu propio navegador y lo único que viaja son números: cuánto dura, dónde están los silencios y cómo está el volumen. Puedes comprobarlo desconectando internet: el análisis sigue funcionando; lo único que fallará es el guion, que sí lo escribe la IA.

Más abajo hay una casilla —apagada por defecto— para que además mire seis fotogramas sueltos y sepa qué se ve, no solo qué se oye. Si la marcas salen esos seis y nada más: el vídeo entero no sale nunca, ni marcándola. No hay código que lo suba.

Con una excepción, y solo si tú la activas: si pides los capítulos, hace falta saber qué dices, y eso obliga a transcribir. En ese caso —y solo en ese— el audio de tu vídeo se manda a AssemblyAI, que lo transcribe en la Unión Europea, no lo usa para entrenar sus modelos y lo borra a las 24 horas. La imagen no sale nunca: solo el sonido. Si no pides capítulos, no se manda nada y todo sigue como está descrito arriba.
Lo que Claqueta no hace, dicho antes de que lo pruebes. Sin capítulos, no entiende lo que dices. Sin transcripción no sabe si el minuto 12 es más interesante que el 3: lee la forma del audio —dónde hablas, dónde paras, dónde subes la voz— y con eso propone trozos que empiezan y acaban limpios. Elegir cuál publicar sigue siendo tuyo, que eres quien sabe qué contaste.

Con capítulos, sí lee lo que dices, porque para eso hay que transcribir. Aun así hay un límite que no se cruza: un capítulo solo se escribe si se puede señalar el minuto exacto en el que se dice. Si algo no aparece claro en la transcripción, no se inventa un título para rellenar — un índice que te manda a un minuto donde no pasa lo que promete es peor que no tener índice.

Los subtítulos de lo que dices salen solo si pides capítulos, porque salen de esa misma transcripción: un .srt aparte, con el minuto exacto de cada frase y sin una palabra cambiada. Repásalos antes de publicar: los nombres propios y las palabras del oficio se transcriben mal a menudo. Sin capítulos no hay transcripción, y el .srt que te descargas lleva los rótulos escritos para el vídeo, cada uno en su segundo.

Cada trozo lo puedes descargar ya cortado, en MP4 y con su sonido, con el botón que sale debajo de cada uno. El montaje se hace en tu propio ordenador, con el codificador que ya trae el navegador: por eso el vídeo sigue sin salir de aquí. Tarda más o menos lo que dure el trozo, y necesita Chrome o Edge; en otros navegadores te llevas los tiempos y montas tú. Los rótulos no van pegados al corte: van en el .srt aparte, para que puedas moverlos si quieres.
Para que el guion hable de lo tuyo y no en abstracto.
En una frase, con tus palabras.
Cambia la duración recomendada y los hashtags.
Si te corta a media palabra, baja la sensibilidad.

Un anuncio de unos segundos

Esto no sale de tu vídeo: se genera de cero, a partir de lo que escribas o de una foto tuya. Es una recreación, no una grabación de tu negocio.

Puedes pedir personajes, ropa, gestos, movimiento de cámara, luz y tono. Cuanto más concreto, más se parece a lo que tienes en la cabeza. Lo que no puedo poner es una marca de otro ni una persona real y concreta: eso te lo pueden reclamar a ti.

Súbela desde el móvil o el ordenador —tu escaparate, tu producto, tu local— y el anuncio arranca de ahí en vez de partir de cero.
Mientras se monta el anuncio, la foto está en una dirección de internet, porque quien la abre es el generador de vídeo. La dirección no se puede adivinar, no se enseña en ningún sitio y la foto se borra a las tres horas.

De tus 10 anuncios al mes, 2 pueden ser en calidad alta. Cuesta cuatro veces más de hacer, por eso va con su propio cupo; los otros no se tocan.